Hace unos días trabajaba con uno de mis clientes. Hablábamos de la posibilidad y conveniencia de dar un feedback a un compañero. El feedback es una gran herramienta de aprendizaje que, bien utilizada, puede ayudar a la persona que lo recibe a mejorar, a conocerse mejor, y a crecer como persona y como líder. Yo mismo lo utilizo en las formaciones en las que participo, y en mis procesos de coaching: el que yo proporciono a mis clientes, o a través de herramientas que utilizo (como el 360º de The Leadership Circle Profile, o el Global Leadership Profile). Pero no es mi intención en este artículo explicar cómo dar un buen feedback. Mi intención es hablar de algo, en mi opinión, muy importante que te permitirá recibir y aprovechar los feedbacks que recibas. Tres cualidades claves para que el feedback puedas recibirlo, y puedas crecer y mejorar tu liderazgo con él: la humildad, la vulnerabilidad, y el sentido del humor.

¿Crees que estás preparado para recibir un feedback? ¿Una opinión? ¿Una crítica? Cuando digo preparado me refiero a estar listo para recibirlo de una manera constructiva, como aprendizaje. Tanto si estás de acuerdo o lo das por bueno, como si no.

Yo creo que, en general, no estamos tan bien preparados como pensamos. Y a mayor importancia y trascendencia del feedback, aún menos. Habitualmente, un feedback «crítico», o de mejora, suele general reacciones defensivas de todo tipo por parte del que lo recibe. Es cierto que hay una parte que tiene que ver con cómo lo proporcionamos. Pero hay otra muy importante que tiene que ver con nosotros y con cómo lo recibimos y encajamos. Como una vez le escuché decir a mi compañero Vicens Olivé, nombrando a Claudio Naranjo: “si algo que escuchas te duele, es EGO”. A mayor madurez emocional, mayor capacidad para recibir y poder aceptar un feedback. Y es una pena porque es un buen modo de conocernos mejor, de tomar conciencia de nuestro carácter y patrones de comportamiento, y de aprender y crecer. 

Hablaré ahora de mi propia experiencia, aunque es algo que tengo muy presente con mis clientes en sus procesos de coaching y de desarrollo de liderazgo.

Si reflexiono en mi propio proceso, ha habido 3 cualidades que me han ayudado enormemente a recibir y aprovechar estos feedbacks (y aún me siguen ayudando). Y eso que algunos de estos feedbacks fueron dolorosos para mí. Y es que a mí me costaba mucho recibir críticas, reconocer que había cometido algún error importante, o que había hecho daño a alguien aún con mi mejor intención. Siento que cada día voy mejorando este aspecto de mí. Estas 3 cualidades que comentaba son:

  • Vivirme más humilde. Aceptar que soy imperfecto, que cometo errores, y que yo también tengo una sombra.
  • Reconocer y sostener la sensación de vulnerabilidad que me surge al reconocerlo.
  • Y empezar a reírme de mi mismo, de mis defectos, de mi “lado oscuro”.

Curiosamente, al ir experimentando estas 3 cualidades, además de ayudarme a recibir e integrar los feedbacks recibidos, u observados por mí mismo, y de crecer y mejorar gracias a ellos, he obtenido otros beneficios inesperados, pero no por ello menos importantes:

  • Aunque en un principio pueda parecer ilógico, el conectar con mi vulnerabilidad, el reconocerla, e incluso el compartirla, siento que me ha hecho más fuerte. Y para mí tiene mucho sentido. Siempre les digo a mis clientes que pocas cosas requieren tanto coraje y fuerza como reconocer aquello que nos hace sentir muy vulnerables.
  • El aceptarme como imperfecto, el trabajar desde esa humildad me ha hecho más libre, hasta más atrevido.
  • Y el reírme de mi mismo me ha permitido relativizar ciertos sucesos, quitarles el sobrepeso que yo les había puesto, y poder gestionarlos con más serenidad, con más templanza, y con más ligereza (sin quitarle la importancia que podían tener). E incluso poder mirar con más compasión esas partes de mí que menos me gustaban.
  • Y sin lugar a duda, ambas 3 me han permitido conectar de un modo más auténtico, y más genuino con las personas. Establecer relaciones más sinceras, más fuertes, y más fructíferas.

No quiero decir con esto que ya lo tenga todo resuelto, que haya llegado a una meta. Para mí todo este trabajo tiene que ver con un proceso donde con cada nuevo paso siento que crezco, y con mantener la actitud de seguir aprendiendo con los nuevos retos que me trae la vida, o en los que me voy embarcando.

Y si ahora volvemos a ti, ¿Cómo sería para ti experimentar con estas 3 cualidades? ¿Qué modelos tienes a tu alrededor que te puedan inspirar y mostrar cómo hacerlo? ¿Qué te está impidiendo o dificultando poder experimentarlos? Quizás al hacerlo puedas llegara a tus propias conclusiones, independientemente de lo que yo haya explicado.

Deseo que este artículo enriquezca tu liderazgo y tu vida.

Antonio Ruiz