Hoy quiero compartir contigo algo muy importante para tu liderazgo, y para ti como persona. Algo que a mí me cambio la vida sustancialmente y que, en mi opinión y experiencia, puede ser uno de los principales frenos a tu progreso, a tu crecimiento, y a tus resultados.

¿De qué se trata? De la víctima que llevas y llevamos dentro.

Sí, en mayor o menor medida, todos llevamos una víctima en nuestro interior. Y cuando ésta toma el control, cuando gana presencia e importancia en nuestro día a día, la cosa cambia mucho…. a peor. Es como la kriptonita para Superman. La “victimitis” te debilita y te va quitando tus poderes poco a poco. Cuanto más presente está en ti, cuanto mayor la dosis, más agudos son los efectos.

Estar en la víctima es todo lo contrario a tomar la responsabilidad en tu vida o estar conectado a tu poder. Es un modo de estar colocado en la vida, una actitud ante ésta, ante las distintas circunstancias y sucesos que nos ocurren.

Cuantas veces he escuchado en mis clientes, y en mí, frases como:

  • No es mi culpa, la culpa es de …
  • Qué mala suerte.
  • Por qué me pasan a mí estas cosas.
  • No hacen caso a lo que digo.
  • No me tienen en cuenta.
  • No atienden mis peticiones.
  • Siempre ocurre lo mismo.
  • Nadie me ayuda.
  • No se dan cuenta de lo saturado que estoy.
  • No me respetan.
  • No puede ser esto, porque bla, bla, bla.

¿Te suena alguna de ellas? La víctima puede manifestarse de muchas maneras. Yo he resumido aquí las pistas más importantes para poder detectarla (volvemos a la importancia de tomar consciencia que ya he nombrado en otros artículos), para desde ahí poder cambiar:

  • Estar en “la queja” muy a menudo.
  • Sentirte “víctima” de las circunstancias.
  • Echar la culpa a los demás, o a las circunstancias.
  • Estar siempre a la defensiva, desconfiando de todos y todo.
  • Esperar a menudo cosas de los demás: que me reconozcan, que me ayuden, que me entiendan, …
  • Sentir a menudo impotencia, sufrimiento, frustración, etc.
  • Darle muchas vueltas a algún asunto, con tintes de queja o reproche, sin tomar ninguna decisión.
  • Frecuentemente, muchos de los 8 frenos del liderazgo que describí en mi artículo “8 Frenos Internos a tu Liderazgo Relacional, están influidos por esta víctima.

Antes de continuar con el artículo quiero comentar algo. No se trata ahora de martirizarse, juzgarse, criticarse, compararse, etc. Esto es volver a colocarse en la víctima. Si lo haces que sólo sea un ratito. Suelo decir que una mirada compasiva a uno mismo, acompañada de reflexión, de decisiones y de compromisos, suele ser una buena idea. Aunque también es cierto que en otras ocasiones otra mirada también me ha funcionado (una mirada de enfado más movilizadora, por ejemplo). Como veis no hay fórmulas únicas.

Pero abandonar esta actitud es a veces difícil. Lo cierto es que uno obtiene beneficios estando en la víctima. ¡Y beneficios importantes! ¿Cuáles son algunos de ellos?

  • Bueno, nos permite evitar tomar decisiones, pasar a la acción, y por supuesto, asumir y afrontar sus consecuencias. Esto de que más vale malo conocido que bueno por conocer funciona.
  • Podemos escaparnos de afrontar nuestros miedos: a las consecuencias, al precio a pagar, al conflicto, a afrontar una situación difícil, etc.
  • Nos permite quejarnos y desahogarnos.
  • Si le echamos la culpa a los demás, entonces nosotros no la tenemos.
  • Nos permite “manipular” desde la culpa, o la pena, y conseguir cosas: que me ayuden, que otros asuman la culpa o las consecuencias de las cosas, etc.
  • Llamamos la atención, y generalmente la obtenemos.
  • Evitamos tomar la responsabilidad y todo lo que conlleva: Poder equivocarnos, errar, hacer daño, etc.

Pero también es cierto que se cobra un precio grande:

  • Te encomiendas a las circunstancias.
  • Actúas reactivamente.
  • Te orientas al problema más que a la solución.
  • Generas desconfianza y rechazo en los que te rodean.
  • Te “aniñas” y pierdes tu “poder” o fuerza.
  • Acaba sufriendo estrés, ansiedad, inseguridad, miedo, frustración, entre otras emociones.
  • Bloqueas tu crecimiento personal y profesional.
  • Fracaso, estancamiento.
  • Dificultad para cooperar y trabajar en equipo.
  • Dificultad para disfrutar de las cosas, para ser feliz.
  • Y un largo, largo, etc.

La buena noticia es que, a diferencia de Superman, no hace falta que venga nadie a quitártela. ¡Es una decisión tuya!

¿Ves ahora que son más altos los costes que los beneficios? ¿Estas seguro? Porque si no tienes claro el precio que estás pagando te invito a que sigas informándote en profundidad, y reflexionando sobre ello.

Pero si ya empiezas a intuir el coste tan, tan alto que tiene para ti, quizás te puedas preguntar:

¿Existe otro estado de ánimo, otra actitud que podrías utilizar y que sería más ventajosa para ti? ¿Otro modo de percibir la vida y de afrontarla?

Si toda la energía que utilizas en quejarte, en justificarte, en culpar a los demás, la utilizases en lo contrario, ¿qué cambiaría en tu día a día? ¿Qué cambiaría en ti? ¿Qué versión de ti surgiría?

Como siempre, deseo que este post enriquezca tu liderazgo y tu vida.

Antonio Ruiz