Deseo de corazón que hayas disfrutado del verano, y de las vacaciones si has podido tenerlas. Retomo el blog con energías e ilusión renovadas. En esta entrada hablaremos de las emociones. Fue en 1995 cuando Daniel Goleman publicó su libro “Inteligencia Emocional”, y ayudó con ello a divulgar por todo el mundo (incluido el mundo organizacional), este concepto. Me atrevo a decir que hoy en día casi todo el mundo ha oído hablar de este libro o de esta inteligencia. Pero el que este libro haya sido leído o estudiado en algún momento, no significa que se hayan integrado sus enseñanzas, o desarrollado esta inteligencia. Mi experiencia personal y profesional me ha demostrado que, en general, somos unos analfabetos en el ámbito emocional. Y no quiero con ello culpabilizarnos ni machacarnos por ello. Tiene toda la lógica del mundo ya que esta inteligencia no ha sido tenida en cuenta, ni desarrollada, en nuestra etapa escolar, ni en ninguna otra etapa. Y sin embargo ya se ha demostrado que es una inteligencia clave en nuestras relaciones, y por supuesto, en nuestro liderazgo. La efectividad de tu liderazgo está directamente relacionada con tu madurez emocional. Eso no quiere decir que no puedas lograr resultados. Pero si quieres gestionar equipos más sostenibles, más comprometidos, atraer talento, aumentar tu capacidad de influir en estos y en tu entorno, etc., tu madurez emocional es clave. E identificar la emoción que estás experimentando en un determinado momento, o cómo te sientes ante una situación, o una persona, es un paso muy, muy importante en el desarrollo de tu Liderazgo Relacional.

Hoy te quiero proponer una práctica, que a mí me ha servido mucho, y que te puede ayudar a mejorar esta capacidad, la capacidad de identificar la emoción que estás sintiendo en un momento determinado. Insisto, es un primer paso muy útil e importante en el desarrollo de tu Inteligencia Emocional, y por lo tanto de tu Liderazgo Relacional.

  1. El primer paso es saber que hay 6 emociones que yo utilizo como básicas. Estas son:
    • El miedo. A veces viene camuflado de preocupación, temor, …
    • La tristeza. La pena, nostalgia, melancolía, etc.
    • La rabia. El enfado, la ira, el cabreo, etc.
    • La alegría. Ilusión, felicidad, etc.
    • La culpa.
    • La vergüenza.

Son las que más habitualmente identifico en mí, y que identifican mis clientes. Este es un punto de partida que te permitirá reducir la búsqueda y hacértelo más fácil.

Nota: Si no has visto la película de Pixar “Del revés”, te la recomiendo.

2. En un momento concreto, ante una situación o persona determinada, te puedes preguntar: ¿A qué emoción se parece lo que siento en mi cuerpo, en mi interior? ¿Tiene que ver con el miedo? ¿Con la tristeza? Etc. Es muy importante que la respuesta sea una emoción real, así que mi consejo es que insistas en la pregunta hasta que la respuesta sea una de esas emociones.

Lo ideal es que pudiésemos hacer esto en el mismo momento en que está ocurriendo. Pero quizás sea todo un reto hacer ahora ambas cosas a la vez. Un primer paso es hacerlo antes o después del momento. Seguro que te ha ocurrido que antes de ver a una persona ya has empezado a experimentar algo. O que después de un suceso, una reunión, etc., al recordarlo, volviste a sentir lo que sentiste allí. Nuestro cerebro tiene esa capacidad, la de anticipar el futuro o recordar el pasado, y experimentarlo como si estuviese ocurriendo ahora.

  1. A menudo podemos experimentar más de una emoción al mismo tiempo, así que no te ciñas a una única respuesta.
  2. Y un último paso, para bordar el ejercicio, es preguntarte ¿qué exactamente está relacionado con la emoción? ¿qué la está detonando dentro de mí? Por ejemplo:
    • Si identificas miedo, ¿miedo a qué exactamente?
    • Si identificas tristeza, ¿qué te genera tristeza concretamente?
    • Si es rabia, ¿qué específicamente te está provocando esa rabia?
    • Y así con el resto…

Es un modo de profundizar en la emoción y en su comprensión.

La vida en sí ya nos presenta muchos retos, desafíos, obligaciones, etc. Por eso soy un defensor de pequeños pasos, pequeñas prácticas que te ayuden a progresar sin añadir una gran carga a tu día a día. Con el tiempo, estos pequeños avances marcarán la diferencia.

Como siempre, deseo que este post enriquezca tu liderazgo y tu vida.

Antonio Ruiz